Tienes los ojos cerrados. Te los tapas tú, nadie te ayuda. Duermes en tu lecho porque no necesitas nada más.
Los siete que te acompañaban son demasiado pequeños ahora que eres autosuficiente y has crecido.
No es que ya no te quiera, es que me cansé de esperar verte despertar.
De nada sirve gritarte para que espabiles, hace tiempo que la fase R.E.M le esconde el sonido a tus oidos.
Las calles no tienen esas incómodas esquinas con las que tropezaba el bastón de Edipo. El cemento ya no alfombra tus pies, hay esponjosas y reconfortantes nubes a tu alrededor sobre las que puedes caer sin hacerte daño. Amasijo blanquecino que lo enturbia todo. Confundes el arriba y el abajo. Yo, prefiero el trato de la pequeña empresa delicado y dedicado al individuo.
Confié en tu yo futuro. Un yo atento y decidido que divisaba entre la luz que se filtraba por mis pestañas, que se colaba entre los huecos de mis dedos mientras cubría mis ojos.
Estoy pesada, cansada, aturdida. Te he visto. No eras tú. Fui yo quien mordió la manzana.